Marcús corría desenfrenado por las rotas calles de cemento.
La vegetación se había apoderado de la mayor parte de las construcciones, vidrios rotos tapizaban el suelo cerca de los edificios y cada poro de la destruida ciudad era seco, sin vida…parecía ceniza desprendiéndose y regresando al viento.
Pero marcus no veía nada de eso, el solo veía calles cerradas, calles sin salida, muerte. Ellos no estaban muy lejos, había logrado perderlos, pero sabia que no tardarían en escuchar el eco de sus pasos.
Doblo en una calle, suplicando por una salida. Tenía el corazón a mil por hora y las mejillas encendidas por la carrera, su pelo castaño empapado en sudor y los músculos de las pantorrillas ardiendo.
De repente algo lo tomo del brazo, un firme agarre que lo jaló dentro de una construcción. No tiempo ni de gritar, solo pensaba en luchar. Su grupo estaba muerto, lo habían asesinado los "vacíos", así los llamaban, humanos que como su nombre lo decía estaban vacíos, sus corazones solo latían con menos sentimiento del de un carro viejo y sus ojos, como los de un lobo enloquecido, despojados de toda humanidad, atacaban a los pocos grupos de humanos que quedaban y después comían.
A el no lo comerían, no lo harían.
De inmediato paso todo su peso sobre su atacante y tomando el brazo que lo sostenía lo lanzo por el aire sobre su espalda. Unas largas piernas se aferraron a su cintura mientras pasaba sobre él, forzándolo a caer también. La figura se movió rápido desde la oscuridad y se puso a horcajadas sobre él. Colocó su antebrazo en su cuello y se inclino sobre él.
Solo un imbécil no notaria las curvas de la figura sobre él mientras se le pegaba.
- Cállate imbecil, ¿quieres que nos maten?.
domingo, 23 de febrero de 2014
viernes, 7 de febrero de 2014
White Sweater 2
Primera parte. Click aquí….
Después de manejar un par de minutos sin rumbo alguno, Alex se dio cuenta de la idiotez que estaba haciendo. No sabía ni siquiera hacía donde se había ido ella o si estaba en la dirección correcta.
Alex apretó el volante desesperado y tomo la siguiente calle para dar la vuelta a la derecha y regresar a casa, fue cuando la vio. Estaba caminando con grandes zancadas y se abrazaba a si misma por el frió del clima y seguro por estar empapada en café.
Ella no lo vio hasta que él se puso prácticamente al lado de ella y bajo la ventanilla.
- Hola - dijo él. "¿Hola?" pensó "¿de verdad? serás imbécil"
Ella se le quedo viendo y frunció el ceño completamente confundida sin dejar de caminar.
- ¿Me has estado siguiendo? - preguntó alejándose un poco más de la banqueta.
- ¿Qué? No. Mira lamento mucho lo de las llaves y el café; deja que te lleve a tu casa para no sentirme tan idiota.
- No lo creo - respondió a secas - no pienso salir en uno de esos programas de asesinatos sin resolver. No señor
Alex dijo algo entre dientes que Florence no entendió, aceleró para detenerse en la esquina de la cuadra y se bajo del auto.
- ¿Qué cree que esta haciendo? - le preguntó ella deteniéndose en seco.
- Mire, va a llover, solo déjeme llevarla a casa.
Florence se le quedo viendo unos segundos cruzada de brazos y luego miro el cielo. El tenía razón, no faltaba mucho para que comenzara a llover y el frió de la mañana le estaba calando los huesos gracias a su suéter empapado. Además, todavía le faltaba un buen tramo antes de llegar.
Se mordió el labio y descruzo los brazos resignada.
- Bien - respondió toscamente, subiéndose ella misma al carro sin esperar a Alex.
Florence guio al hombre hasta su casa y agradeció haber tomado la decisión de subirse al carro cuando dos minutos después comenzó a lloviznar.
Después de manejar un par de minutos sin rumbo alguno, Alex se dio cuenta de la idiotez que estaba haciendo. No sabía ni siquiera hacía donde se había ido ella o si estaba en la dirección correcta.
Alex apretó el volante desesperado y tomo la siguiente calle para dar la vuelta a la derecha y regresar a casa, fue cuando la vio. Estaba caminando con grandes zancadas y se abrazaba a si misma por el frió del clima y seguro por estar empapada en café.
Ella no lo vio hasta que él se puso prácticamente al lado de ella y bajo la ventanilla.
- Hola - dijo él. "¿Hola?" pensó "¿de verdad? serás imbécil"
Ella se le quedo viendo y frunció el ceño completamente confundida sin dejar de caminar.
- ¿Me has estado siguiendo? - preguntó alejándose un poco más de la banqueta.
- ¿Qué? No. Mira lamento mucho lo de las llaves y el café; deja que te lleve a tu casa para no sentirme tan idiota.
- No lo creo - respondió a secas - no pienso salir en uno de esos programas de asesinatos sin resolver. No señor
Alex dijo algo entre dientes que Florence no entendió, aceleró para detenerse en la esquina de la cuadra y se bajo del auto.
- ¿Qué cree que esta haciendo? - le preguntó ella deteniéndose en seco.
- Mire, va a llover, solo déjeme llevarla a casa.
Florence se le quedo viendo unos segundos cruzada de brazos y luego miro el cielo. El tenía razón, no faltaba mucho para que comenzara a llover y el frió de la mañana le estaba calando los huesos gracias a su suéter empapado. Además, todavía le faltaba un buen tramo antes de llegar.Se mordió el labio y descruzo los brazos resignada.
- Bien - respondió toscamente, subiéndose ella misma al carro sin esperar a Alex.
Florence guio al hombre hasta su casa y agradeció haber tomado la decisión de subirse al carro cuando dos minutos después comenzó a lloviznar.
White Sweater
-¡¿Que crees que está haciendo?! ¡alto ahí! -
Florence ignoró al policía detrás de ella y ajusto de nuevo entre sus brazos el delicado paquete que cargaba. No era fácil correr y cargar aquello sin lastimarlo.
"Mierda, mierda, mierda" - pensó apretando los dientes, no estaba asustada, todo lo contrario, faltaba poco para que se echara a reír de la divertida que se estaba dando, aún así no quería pasar un tiempo en prisión - "¿Qué estabas pensando? Idiota ¿cómo no viste al guardia?
Florence se había metido en la fabrica de shampoos a medía noche, parecía un ladrón de verdad. Suéter de cuello de tortuga negro, gorro de frió negro, guantes negros y por supuesto un antifaz de ladrón que había comprado en una tienda de disfraces. Cuando logró entrar sin mucho problema pensó que sería pan comido, pero cuando se tropezó con un tubo en el suelo, llamó la atención del guardia que hasta el momento había estado dormido y oculto entre las sombras.
Entonces todo se fue al traste.
Vivía a pocas cuadras del enorme y elegante edificio y le calaba los huesos cada vez que veía pasar el camión que transportaba a los animales para probar los químicos en ellos. El transporte iba camuflado de un adorable color perla y el típico dibujo del mechón de pelo perfecto logrado solamente después de horas de fotoshop. Pasaba desfilando por las calles, orgulloso de lo que contenía, viéndole la cara de idiotas a todos.
Y esa noche se había decidido a no seguir cruzándose de brazos.
Florence ignoró al policía detrás de ella y ajusto de nuevo entre sus brazos el delicado paquete que cargaba. No era fácil correr y cargar aquello sin lastimarlo.
"Mierda, mierda, mierda" - pensó apretando los dientes, no estaba asustada, todo lo contrario, faltaba poco para que se echara a reír de la divertida que se estaba dando, aún así no quería pasar un tiempo en prisión - "¿Qué estabas pensando? Idiota ¿cómo no viste al guardia?
Florence se había metido en la fabrica de shampoos a medía noche, parecía un ladrón de verdad. Suéter de cuello de tortuga negro, gorro de frió negro, guantes negros y por supuesto un antifaz de ladrón que había comprado en una tienda de disfraces. Cuando logró entrar sin mucho problema pensó que sería pan comido, pero cuando se tropezó con un tubo en el suelo, llamó la atención del guardia que hasta el momento había estado dormido y oculto entre las sombras.
Entonces todo se fue al traste.
Vivía a pocas cuadras del enorme y elegante edificio y le calaba los huesos cada vez que veía pasar el camión que transportaba a los animales para probar los químicos en ellos. El transporte iba camuflado de un adorable color perla y el típico dibujo del mechón de pelo perfecto logrado solamente después de horas de fotoshop. Pasaba desfilando por las calles, orgulloso de lo que contenía, viéndole la cara de idiotas a todos.
Y esa noche se había decidido a no seguir cruzándose de brazos.
miércoles, 5 de febrero de 2014
Emma
Las risas tronaron en la cocina del castillo. Ubicada debajo de aquellos
pisos de mármol y al fondo de la enorme fortaleza, donde la servidumbre
abandonaba sus mascaras, las espaldas erguidas; se quitaban de encima el peso
de siempre decir las palabras correctas en el momento adecuado y abandonaban el
tono suave.
Emma tosió, con la cara llena e harina gracias a Julia, la
chica se había entusiasmado demasiado al contar la embarazosa experiencia que
tuvo la princesa cuando cayó de su asiento porque el banco se
había roto bajo
su peso; Julia había golpeado la enorme bola de masa para imitar el cuerpo de
la princesa al caer y provoco que la harina saliera volando en todas
direcciones, dándole de lleno en la cara a Emma, que era la que estaba más
cerca.
Julia también se
había llenado de harina, pero aun así se las apaño para seguir riendo sin
ahogarse. Emma también rio, y ya no estaba segura si por el accidente o por la
historia.
- ¿Y luego que
paso? – pregunto Joel, el viejo cocinero que gracias a los años se había ganado
el aprecio de muchos y una curveada espalda, pero sus manos seguían siendo las
de un panadero.
- Todo el mundo
se abalanzo sobre ella para levantarla y alisarle las faldas – respondió Julia
aun riendo – debieron de haberlo visto. La pobre estaba roja de vergüenza y yo
tuve que morderme la lengua para no reír.
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