miércoles, 5 de febrero de 2014

Emma


Las risas tronaron en la cocina del castillo. Ubicada debajo de aquellos pisos de mármol y al fondo de la enorme fortaleza, donde la servidumbre abandonaba sus mascaras, las espaldas erguidas; se quitaban de encima el peso de siempre decir las palabras correctas en el momento adecuado y abandonaban el tono suave.

Emma tosió, con la cara llena e harina gracias a Julia, la chica se había entusiasmado demasiado al contar la embarazosa experiencia que tuvo la princesa cuando cayó de su asiento porque el banco se 
había roto bajo su peso; Julia había golpeado la enorme bola de masa para imitar el cuerpo de la princesa al caer y provoco que la harina saliera volando en todas direcciones, dándole de lleno en la cara a Emma, que era la que estaba más cerca.

    Julia también se había llenado de harina, pero aun así se las apaño para seguir riendo sin ahogarse. Emma también rio, y ya no estaba segura si por el accidente o por la historia.

    - ¿Y luego que paso? – pregunto Joel, el viejo cocinero que gracias a los años se había ganado el aprecio de muchos y una curveada espalda, pero sus manos seguían siendo las de un panadero.

      - Todo el mundo se abalanzo sobre ella para levantarla y alisarle las faldas – respondió Julia aun riendo – debieron de haberlo visto. La pobre estaba roja de vergüenza y yo tuve que morderme la lengua para no reír.


   Emma golpeo la mesa varias veces con la palma de la mano y trato de controlar la risa para poder tomar aire. De repente todas las risas cesaron.

     - ¿Qué sucede aquí? – Era Hellen, la patrona.

Todas las chicas ahogaron las risas de golpe cuando la voz de su jefa las tomo por sorpresa, y con la cabeza gacha, tratando de parecer invisibles caminaron fuera de la cocina tomando distintas direcciones.
    Emma no fue la excepción. Se mordió la lengua e imploro por que su aspecto cubierto de ese polvo blanco no le trajera consecuencias. Tuvo que hacer mucho esfuerzo para dejar de reir, pero no pudo borrar la enorme sonrisa de los labios por imaginar como debió de verse la princesa Ágata.
  
   Ella no era precisamente la más ferviente admiradora de Ágata, pero había aprendido a soportar y entender sus caprichos y narcisismo…después de todo, era su dama de compañía.

     - Emma – dijo Hellen arrastrando la palabra, como una madre regañando a un niño pequeño.

   - ¿Si señora? – respondió ella en tono inocente.

   - Límpiate ahora mismo – ordeno y Emma obedeció al instante sacudiéndose el vestido y el pelirrojo cabello – no es posible muchacha.

   Hellen se acerco a ella y la ayudo a limpiarse la cara con un trapo seco de manera tosca.

    - Justo cuando te necesitan.

    - ¿De que habla? – pregunto Emma con voz ahogada por culpa del trapo que le cubría la boca.

   - Que la princesa te llama, y te quiere en su habitación en menos de siete segundos.

Oh no

   Emma tomo el trapo y siguió limpiándose mientras caminaba dando zancadas hacia los pasillos del palacio.

 “Rápido,  rápido,  rápido,  rápido”

Cuando entro al área donde normalmente la gente pasaba, tuvo más cuidado; caminando con decoro cuando había gente presente y cuando no, prácticamente corría.

   Finalmente llego al piso de los invitados, había una escalera más al fondo de los corredores que subía hasta las habitaciones de la familia real.
    Se llevo el trapo a la cara y volvió a limpiarla.

De repente choco con algo.

    - ¡Cuidado! – grito ese “algo” con lo que había chocado. Era una voz masculina.

    Emma perdió el equilibrio por tener el trapo cubriéndole la cara y cayó, el trapo salió volando frente a ella y lo recogió mientras se levantaba. Se volvió sin alzar la vista e hizo una rápida reverencia.
  No tenía tiempo para disculparse o si no Ágata se encargaría de despedirla.

  - Lo lamento mucho, le pido me disculpe por favor – le dijo a quien fuera que había golpeado. Emma no espero a una respuesta y volvió a encaminarse a la alcoba de la princesa.
   
      Finalmente cuando llego frente a la puerta, se tomo unos segundos para calmarse y acicalarse un poco más antes de entrar. Escondió el trapo en su mandil.
   Toco la puerta suavemente dos veces.

      - Majestad, soy Emma ¿pue…

La puerta se abrió de golpe y Emma no tuvo que observar mucho para notar que Ágata estaba enojada. Tenía el largo y rubio cabello cayéndole sobre los hombros y no estaba vestida, solo usaba el camisón.

      - ¿Dónde diablos te habías metido, he? – jaló a Emma dentro de la habitación y cerró la puerta – viene alguien importante de la corte de visita, seguramente ya llego y yo aún no estoy lista para el visitante.

     “el” visitante. Otro pobre a quien Ágata tenía en la mira para marido, pensó Emma. Eso explicaba el porque de la desesperación de la princesa por estar perfecta. Ágata no era la heredera, así que no tenía la jauría de pretendientes rodeándola, claro que muchos seguían interesados en formar parte de la familia real. Lamentablemente Ágata no era una persona a la que la gente le gustaba tratar y para los hombres,  bueno…no era del todo agradable.

     - Le pido me disculpe majestad – dijo Emma con una voz suave. Había aprendido a cambiar tono de su voz de manera casi sobrenatural cuando le hablaba a las personas a quien servía y ese momento no fue la excepción.

     - No tengo ni que ponerme, ni arreglado el cabello ¡ni nada! ¡no tengo nada! – Emma desvió levemente los ojos al enorme vestidor, incluso más grande que donde ella dormía y miro los sedosos vestidos. “Claro” pensó “la pobre no tiene ni donde caerse muerta” - ¿es que todos en este lugar confabulan para hacerme la vida insoportable?

    - Por supuesto que no majestad – dijo Emma entornando los ojos mientras la daba la espalda para dirigirse al vestidor y tomar un vestido - ¿alguna joya en especial que quiera usar hoy , quizá un lazo o tal vez unas horquillas?

     - Quiero usar la cinta azul que me regalo Lord Galeb – a Emma le gustaba esa cinta, una hermosa cinta azul de seda con un diminuto bordado de hilo de oro que la decoraba, trazando espirales y diminutas hojas doradas. Emma escogió un vestido azul pálido para que hiciera juego con la cinta.

    Tardaron una hora en que Ágata estuviera de verdad perfecta. Su peinado era exquisito; Emma había trenzado el cabello junto con la cinta y luego había usado esa misma trenza para hacerle un moño sujeto a la parte de arriba de la cabeza. Se veía divino gracias al dorado cabello de Ágata y el contraste que este hacía con la cinta al entrelazarse de manera armoniosa.
      Le tendió unos aretes de oro y finalmente escogió un perfume de muchos de los que estaban en el hermoso tocador y dejo que la princesa se lo pusiera ella sola para que luego no la reprendiera por haberla rociado por completo.

        - Esta lista majestad – Emma le sonrió al reflejo de Ágata el cual sonreía complacido por su aspecto.

   Emma dejo a la princesa unos momentos aprovechando el tiempo que dedicaba a adorarse, para entrar al baño y como una ráfaga ocuparse ella misma de su aspecto.
    Ya casi no tenía harina, agradeció a su cabello corto por ello. Rápidamente aplaco algunos mechones rebeldes y se pellizco las mejillas para darles un poco de color.
   Regreso a la habitación principal y mientras Ágata seguía observándose en el tocador y decidiendo que pulsera usar, se puso a recoger la ropa del suelo.
         - Muy bien – dijo Ágata sonriéndole a su reflejo -, tenemos que irnos y ver si podemos saludar a el nuevo visitante.

    Emma se apresuro a abrir la puerta para que Ágata pasara sin tener que detenerse y luego la cerró detrás de ella. Ágata camino con pasos rápidos hacía la escalera y la descendió casi corriendo, ansiosa por llegar al piso de los invitados.
   A Emma le parecía ridículo la manera en la que Ágata se ponía cada vez que alguien llegaba al palacio, prácticamente la chica tenía que suplicarles que le hablaran después de que los muchachos la conocían de verdad y era entonces cuando Emma sentía lastima por ella, estaba desesperada porque alguien la quisiera y lloraba cada vez que ellos la rechazaban.
   Justo cuando Emma miro a Ágata con lastima, ella dijo:

      - Y por favor sacúdete la ropa, no quiero que me vean con alguien lleno de polvo – en ese momento, mientras Emma obedecía apretando la mandíbula, el sentimiento de lastima y la pequeña sensación de que Ágata le agradaba, se esfumo como relámpago.

     Recorrieron el piso dos veces y no se toparon más que con chicas del servicio que miraban a Ágata burlonas y le dirigían miradas de complicidad a Emma que apenas podía contener la risa cunado una de ellas imito en silencio a espaldas de la princesa como esta debió de haberse visto al caer.

        - No hay nadie – dijo Ágata en tono de puchero.

        - ¿Tal vez en los jardines? – dijo Emma desesperada. Dios, ¿era que tenía que decirle cada paso?

   Ágata chasqueo los dedos.

        - Buena idea.

Cuando llegaron al piso inferior, faltaba poco para que Ágata se pusiera a preguntar gritando por el invitado. Estaban a punto de dar la vuelta para entrar a los jardines cuando chocaron con alguien y un soldado que lo escoltaba.
    Emma conocía a ese soldado, era Collin. Varias veces le había ganado jugando cartas cuando ellos y sus amigos bajan a la cocina para poder gritar y decir estupideces a su gusto. Emma le dirigió una casi invisible sonrisa burlona recordándole como lo había aplastado enfrente de sus compañeros.
    Collin noto la expresión de inmediato y la fulmino con la mirada apretando los labios.

Finalmente Emma puso atención al visitante y reconoció que Ágata se ganaría la lotería si lo convertía en su marido.
    Tenía el cabello castaño claro y levemente alborotado por el viento que hacía en los jardines que acababa de visitar; era un poco más alto que Collin, ancho de hombros y con la mandíbula marcada, lo que lo convertía en alguien a quien seguramente las chicas lo voltearían a ver.

        - Majestad – dijo el hombre haciendo una reverencia y besando la mano de Ágata demasiado lento. Emma y Collin aprovecharon la distracción de ambos para entornar los ojos – un placer. Permítame presentarme, me llamo Jonathan, hijo de Lord Maías

      - Un placer – respondió Ágata casi ronroneando.
Emma trato de no pensar en las horribles próximas dos horas que tendría que soportar al lado de la princesa mientras esta le echaba los perros al invitado, y por lo que Emma veía a él  no parecía que eso le molestara en lo absoluto.
   Emma no podía estar más equivocada.

Jonathan llevaba todo el rato, desde que llego, tratando de evitar al personaje que tenía enfrente. La princesa Ágata no tenía ningún problema físico por el cual preocuparse ni mucho menos, era bastante hermosa y la cintilla que llevaba en el dorado cabello alzaba sus ojos claros, pero definitivamente había escuchado hablar de los caprichos y berrinches de la princesa y no quería tener nada que ver con ellos.
    Por el otro lado, había estado buscando el momento de volverse a encontrar con la chica que prácticamente lo había tacleado hacía una hora, lo único que tenía como referencia para encontrarla era un hermoso cabello rojo y ahora sabía que la había encontrado cuando sus ojos fueron a parar irremediablemente a la muchacha detrás de la princesa.

     A Jonathan le había divertido el modo en el que él soldado que lo acompañaba y la pelirroja habían intercambiado miradas sin reparar en el mundo en el que él y la princesa vivían. Parecían dos dimensiones distintas, las del servicio y las de los que son servidos. Lamentablemente tuvo que desviar la mirada casi de inmediato para saludar a la princesa que lo observaba con ojos encendidos.

      - ¿Qué le parece el castillo señor Jonathan? – pregunto Ágata.

      - Hermoso majestad – no mentía, el castillo de verdad era hermoso en comparación con otras oscuras y húmedas fortalezas.

       - ¿No son igual de hermosos sus jardines? – volvió a ronronear Ágata alzando una ceja y fingió una sonrisa inocente. Jonathan apretó la mandíbula, por qué lo quisiera o no, solo había una respuesta a esa pregunta y una consecuencia a esa respuesta.

      - Lo son majestad, son tan hermosos que no me importaría volver a recorrerlos ¿me haría el honor de acompañarme? – Jonathan le ofreció el brazo a Ágata, quien lo acepto complacida y colocando su brazo alrededor del suyo de manera estratégica para poder acercarse más a él.
     Dieron dos pasos y el soldado se coloco detrás de él y a un lado de la pelirroja, que discretamente le dio un codazo y él se lo volvió a regresar mas fuerte.
    
        - Ah, una cosa mas – dijo Ágata dirigiéndose a la muchacha que volteo a verla, interrumpiendo el juego de manera abrupta.

       - ¿Si majestad? – Jonathan se sorprendió por la voz de la chica, incluso mas suave y sedosa que la de la misma princesa.

       - Ya no es necesaria tu compañía, vete – le dijo Ágata despidiéndola con una dulce sonrisa  sacudiendo la mano. Jonathan noto los labio de la chica tensarse por la grosera manera de pedirlo, pero de inmediato su rostro se suavizo e hizo una leve reverencia.
   Ágata se dio media vuelta y forzó a Jonathan a seguir caminando. Ella comenzó a parlotear cosas que él no escucho por estar mas atento a la conversación que sucedía a sus espaldas.
       Collin tomo el brazo de Emma haciéndola que lo volteara a ver.
 
 - Suertuda – le dijo en tono casi inaudible. Emma le sonrió.

 - Si te sirve de consuelo, te tendré piedad la próxima vez que juguemos cartas – le dijo ella, también susurrando – y haz algo estúpido, como pisarle un talón, quizá así se desespere y te mande a volar.

    Jonathan no pudo evitar sonreír divertido por el comentario, una sonrisa que Ágata entendió como que estaba entreteniendo a su compañero y eso dio rienda suelta a la lengua. El paseo duro una agónica hora y media.
     Jonathan agradeció al cielo cuando la princesa se retiro a sus aposentos, pero tuvo que esperar unos minutos más para asegurarse de que no se la volviese a “encontrar” enfrente de su habitación.

Continuara......

6 comentarios:

  1. Hola! Soy una nueva lectora de tu blog me veras por aquí a menudo. Me encantan tus historias, debes continuar, se ve muy prometedora, muero por saber como sigue :D Te invito a leer mi blog, es una mezcla entre mi diario personal y sobre como descubro mas el estilo de moda que me apasiona el Mori girl (En japones significa Chica del bosque) http://diariodeunamorigirl.blogspot.com/

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    1. Hola! claro que si, estos días he descuidado mucho el blog, pero ya me pondré manos a la obra muy pronto

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  2. hola me leí esta parte en estos días esperando otros de los capítulos de oculta.. y me pareció muy interesante.. bueno como todo lo que escribes... me gustaría saber como continua.. espero no exigirle demasiado... gracias...

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  3. hola jane son muy bonitas las historias xf continua escribiendolas

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