domingo, 23 de febrero de 2014

Después del fin

Marcús corría desenfrenado por las rotas calles de cemento.

    La vegetación se había apoderado de la mayor parte de las construcciones, vidrios rotos tapizaban el suelo cerca de los edificios y cada poro de la destruida ciudad era seco, sin vida…parecía ceniza desprendiéndose y regresando al viento.

   Pero marcus no veía nada de eso, el solo veía calles cerradas, calles sin salida, muerte. Ellos no estaban muy lejos, había logrado perderlos, pero sabia que no tardarían en escuchar el eco de sus pasos.
   Doblo en una calle, suplicando por una salida. Tenía el corazón a mil por hora y las mejillas encendidas por la carrera, su pelo castaño empapado en sudor y los músculos de las pantorrillas ardiendo.

   De repente algo lo tomo del brazo, un firme agarre que lo jaló dentro de una construcción. No tiempo ni de gritar, solo pensaba en luchar. Su grupo estaba muerto, lo habían asesinado los "vacíos", así los llamaban, humanos que como su nombre lo decía estaban vacíos, sus corazones solo latían con menos sentimiento del de un carro viejo y sus ojos, como los de un lobo enloquecido, despojados de toda humanidad, atacaban a los pocos grupos de humanos que quedaban y después comían.
    A el no lo comerían, no lo harían.

De inmediato paso todo su peso sobre su atacante y tomando el brazo que lo sostenía lo lanzo por el aire sobre su espalda. Unas largas piernas se aferraron a su cintura mientras pasaba sobre él, forzándolo a caer también. La figura se movió rápido desde la oscuridad y se puso a horcajadas sobre él. Colocó su antebrazo en su cuello y se inclino sobre él.
      Solo un imbécil no notaria las curvas de la figura sobre él mientras se le pegaba.

  - Cállate imbecil, ¿quieres que nos maten?.



En ese momento se escucharon las pisadas de los vacíos y ambos se ocultaron al fondo de la construcción, ocultándose entre las sombras y detrás de varias cosas irreconocibles, que ahora estaban destrozadas.
   Gracias a la leve luz de la luna pudo distinguir la figura de la chica mientras se colocaba en cuclillas y pegaba su espalda a la pared. Su pecho ascendía y descendía con rapidez, estaba asustada, pero aún así se había arriesgado a salvarlo.

    Marcús no había visto en mucho tiempo a una chica. Su grupo eran en la mayoría hombres y un par de mujeres mucho más grandes que él. Hubo una vez, hacía dos años en la que caminando tuvieron que ocultarse entre residuos de destrucción y mirar aterrados e impotentes como una madre una chica de su edad corriendo de los vacíos, sus manos aferradas, sus ojos intercambiando miradas de amor y dolor, de miedo.
    No pudieron hacer nada mientras los gritos inundaban el aire.

  Los pesados pasos de la criatura lo regresaron al presente. La chica se pego aun más al muro y apretó con fuerza un enorme cuchillo en sus manos.
    Escucharon su nariz olfatear el aire, sus pies desnudos arrastrarse por el suelo cubierto de polvo, el sonido gutural saliendo de su garganta.

    Uno. Dos. Tres. Cuatro. El vacio camino en su dirección y deambuló unos segundos frente a ellos, pero no los veía por todas las cosas que tenían delante de ellos.

Marcús sentía la espalda sudarle frió, sus puños se tensaron con fuerza y apretó los dientes.

    Cinco. Seis. El sonido de la respiración de la criatura se redujo mientras arrastraba los pies fuera de la destruida estructura.

   Los dos se quedaron muy quietos un par de minutos antes de decidir tomar una bocanada de aire y relajar los adolorados músculos por la tensión.

        Se deslizaron como sombras por los edificios, solo con el sonido ahogado de sus pisadas y el sonido de su ropa. Finalmente salieron de la ciudad a un espacio que prácticamente estaba invadido por árboles. Un lugar seguro.

       - Gracias - dijo Marcús cuando su garganta recupero fuerzas para hablar.
   
       - De nada - le dijo ella peinándose el cabello hacía atrás con fuerza y las manos temblorosas.

 Marcús alargo una mano hacia ella y la extendió a modo de saludo.

       - Marcús - dijo él, presentándose.
       - Lily - respondió ella tomando su mano y apretándola con firmeza - ¿dónde está tu grupo?
       - Muerto - respondió y aflojo la mano, terminando el saludo. Ella asintió y vio en sus ojos un destello de dolor.
       - También el mío.

Se miraron unos segundos. Ambos entendieron la carga que transmitían sus ojos, en ese mundo no se podía vivir solo y ambos lo estaban. Ella trago saliva y luego se encogió de hombros. Marcús ahora entendía porque se había arriesgado a salvarlo.

      - Supongo que está hecho - dijo ella mientras masajeaba su hombro y hacia círculos hacía delante.
      - Lamento eso - dijo él.
      - Debí esperarlo - respondió Lily - ¿a donde se dirigían?
     - Al este, supuestamente hay menos de esas cosas y más comida.

Ella hizo un sonido entre bufido y risa.

       - Nosotros veníamos del Este y creéme, no es el paraíso que me estas describiendo.  Ibamos al norte.

  Marcús se llevo las manos al rostro, cansado, frustrado. Habían viajado grandes distancias con a esperanza de llegar al Este, habían muerto en el intento y todo en vano.

        - En cualquier caso, si te sirve de consuelo - dijo ella - en estos tiempos ya no quedan oestes o nortes que se parezcan a algo como paz, solo queda esperar y sobrevivir. Al menos han muerto intentando seguir adelante.

     El aparto la cara de sus manos y la volteo a ver.

Estaba bastante cubierta de tierra en el cabello y la cara, sus mejillas dejaban ver el camino de lagrimas que alguna vez habían estado ahí y dejaron su marca gracias a la tierra que la cubría y tenía unos enormes ojos azules, azul como alguna vez fue el mar o el agua. Azul vivo, como ningún color que quedara en ningún lado.

        - De todas maneras no podemos quedarnos aquí, supongo que no queda de otra más que seguir adelante y alejarnos de este lugar lo antes posible.

     Ella asintió y para sorpresa de Marcús la vio desaparecer mientras se adentraba entre árboles y la oscuridad que creaban sus hojas la consumían. De inmediato se puso nervioso.
  Justo cuando estaba abriendo su boca para llamar a su nueva compañera ella salió de los árboles con varias almas entre los brazos.

       - Ten - dijo ella - dejamos esto aquí para cuando regresáramos de inspeccionar el área, - su mirada se ensombreció - solo que nunca regresaron.

    Ella le tendió un cuchillo tan grande como el de ella, dos pistolas con sus cartuchos y una resortera.
Ella lleva un arco y un carcaj colgados al hombro, una pistola enfundada en su bota, otra atorada en su pantalón y el cuchillo colgado a la cadera.

    Sin decirse una palabra comenzaron a caminar por la amplia carretera destruida.

A la mañana siguiente ambos estaban agotados. Decidieron detenerse a dormir en uno de los carros abandonados. Revisaron el vehículo asegurandose de que no hubiese nada dentro y se metieron a dormir. Taparon las ventanillas con sus chamarras y se recostaron en los asientos.
    Era una camioneta de tres filas de asientos. Lily se acomodo en la última y Marcús en la primera, se giro para quedar de frente a las puertas y mantenerlas vigiladas cuando escucho la suave voz de Lily a sus espaldas.

     - Mi hermano menor estaba en el grupo - dijo ella con la voz ronca.

Marcús bajo la mirada, pensando en como se ensombrecía la de ella cuando hablaba de su grupo muerto. Se incorporo y miro a Lily recostada boca arriba con el dorso de su muñeca sobre su frente y sus celestes ojos perdidos en el techo.

      - Lo lamento.

Ella sonrió de la manera más melancólica que podía existir. Sus labios curveados hacía arriba pero hundidos, su labio inferior temblando y sus ojos húmedos por la tristeza.

       - Solo tenía diez años - dijo ella cubriendo los ojos - debía de protegerlo, tenía que hacerlo, procurar que sobreviviera.

   Marcús jaló la palanca debajo de su asiento y el respaldo se dobló hacía delante  permitiéndole el paso. Paso su piernas por la abertura y se sentó al lado de Lily. Ella flexionó las piernas para dejarlo que se sentara. Él solo tuvo que tocar su hombro para que ella se incorporara y se pegara a su pecho, él la atrajo hacia el con fuerza y le acaricio la espalda, sintiendo como Lily apretaba en sus puños el cuello de su camisa. Su cuerpo temblaba contra el de él mientras sollozaba y las lagrimas comenzaban a mojar la tela.

    Marcús no sabía que hacer. Nuca lo habían abrazado, mucho menos una chica mientras lloraba y cuando el arrebato de valor que tuvo cuando la abrazo paso, sintió torpe mientras sus brazos se adaptaban al cuerpo de ella y la apretaban de forma indecisa contra él. Ella subió sus piernas y las colocó sobre las de él.

      Sin darse cuenta, comenzó a acariciar su cabello y su espalda, de arriba a abajo una y otra vez hasta que se calmo. Estaban tan agotados que se quedaron dormidos en esa posición.
 
 Fue el sonido de un vidrio rompiéndose que los despertó.

   Lily despertó con un pequeño saltito mientras Marcus la apartaba con suavidad para inclinarse hacía delante y agudizar el odio.
   
      Ninguno de los dos movió un músculo mientras esperaban al siguiente ruido. Cuando no escucharon nada, Marcús se paso a la segunda fila de asientos y de manera cautelosa aparto unos centímetros de la chamarra de la ventana para poder ver que sucedía afuera. No vio nada. Intento con la otra ventanilla y Lily hacía lo mismo desde su fila de asientos.

       - No veo nada - susurró ella.

       - Ni yo - respondió él.

       - ¿Entonces que fue? - Lily se veía alterada, desesperada por saber. Se notaba en sus músculos tensados que quería salir corriendo del carro y alejarse del peligro.

       - No lo se, pero lo que sea que haya sido, ya no esta.

Marcús se mordió el interior de la mejilla, no estaba seguro de lo que acababa de decir fuera 100% seguro.
   
       - Hay que hacer esto rápido - dijo Lily después de un largo y angustioso momento - quitamos las chamarras y salimos corriendo como alma que lleva el diablo sin mirar atrás.
    Marcús asintió.

Arrancaron las chamarras, sintiendo totalmente desprotegidos mientras revelaban su ubicación al exterior y después de dar un rápido vistazo a su alrededor salieron de la camioneta y comenzaron a correr.
     Como habían dicho, ninguno de ellos miro atrás.

Alentaron la marcha cuando sintieron que estaban a una distancia segura.

       Continuara…..
   
   
     

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